jueves, 30 de abril de 2026

Maca

Fue camino a Villa Traful. Entre curva y curva. 
Ahí le preparé un café con sabor a vainilla.
Cierro los ojos y en segundos el aroma invade el espacio. 
Justo ahí, en ese camino de montaña, con mis manos calientes sosteniendo su taza, entendí que Maca había llegado para quedarse.

Caro

Caro murió en Braganza. Iba en un monopatín eléctrico y en el cruce de unas vías de tren volcó. Su cabeza golpeó el pavimento y ahí terminó.
Me avisó mi hermano por llamada, yo caminaba por la costanera de Bariloche y el viento helado cortaba mi cara. 
Mis pasos se hicieron más lentos, como si de repente caminara en lodo.
Pensé en su hijito.

gajes del oficio

Tenía un ojo atravesado por una cicatriz y rengueaba un poco al caminar. 
De tarde, a eso de las cuatro, su cuerpo maltrecho y delgado se mezclaba entre madres y padres apresurados buscando a sus hijos en la Dante.
Siempre en pedo, se recostaba sobre el marco de la puerta del negocio y salía murmurado, el no habrá quedado algo?
No sé qué fue pero empecé a reservar siempre un recorte, un pan del día anterior en un rincón para el. 
Un domingo a la mañana al llegar al local tenía la vidriera destrozada. No habían robado nada. Rompieron, meterieron medio cuerpo, no alcanzaron nada y rajaron.
Cosas que pasan pensé. Me extrañe de mi propia calma.
A los días un vecino me manda el video de la cámara de seguridad donde se ve lo que sucede la fatídica noche.
Aparece una figura en medio de la oscuridad de la noche, cuando empieza a caminar hacia el negocio mis piernas se aflojaron y sentí esa tristeza que te deglute. 

sentirse vivo

La última vez que lo vi me dijo que la policía lo había desalojado. Estoy con lo puesto dijo sin inmutarse. Me agradadecio como siempre los recortes de fiambre y siguió su camino errante.
Siempre lo seguían 3 perros tipo borde colie, en sus hombros una mochila descolorida de donde asomaban tijeras de podar. 
No era de los que pasaba a diario a rescatar los culitos de fiambre, su ritmo era incierto.
Una tarde de abril apareció cargado con una bolsa repleta de panes, chicas y facturas viejas, le sume a su botin mortadela y jamón cocido. 
Abrió la bolsa del chipa y elegio uno, me acercó la bolsita y me dijo, dale saca que están buenos, no, son tuyos, ya desayune. Dale, agarra uno así me haces sentir vivo. 

miércoles, 29 de abril de 2026

Brenda

Con Brenda siempre cojiamos en el suelo. 
A veces me quedaba a dormir en su casa y en el medio de la noche nos despertaban los golpes en la puerta y los gritos de su ex novio. Brenda me abrazaba en silencio.
Solíamos tomar litros de cerveza en estaciones de servicios y kioscos mientras charlábamos de discos de garcia y paez.
Nunca nos reclamamos nada y alguna vez nos paseamos de la mano por la peatonal.

martes, 28 de abril de 2026

abuelos

No fui un buen nieto.
Quizás hoy con la libertad de carecer de abuelos vivos y de vivir día a día el vínculo entre mi hija y sus abuelos puedo llegar sin tapujos a esta conclusión.
Conocí a tres de mi cuatro abuelos. 
La primera que se murió fue Chile, Paz Galindo, la mamá de mamá. Yo era muy chico, sólo dos recuerdos permanen de ella. El primero, ella está sentada en el patio de mi casa de Lechiguanas con un pañuelo en la cabeza intentando tapar los efectos de la quimio. El segundo, intentar acercarme a su ataúd y salir despavorido al solo ver el perfil tieso de mi abuela.
El segundo que falleció fue Aldo Pagura, Don Aldo, el papá de mi mamá, el esposo de Chile. De el si guardo más momentos vividos. De hecho cuando enviudó se fue a vivir a la casa de lechiguanas con nosotros. 
Sin dudas los mejores recuerdos están relacionados 100% al fútbol. El fanático canalla, yo un niño gallina. Eran los años de ramon dt, del river que goleaba, gallardo, ortega, aimar. Años de fútbol de primera, de araujo, de grandes velez river. 
Mi abuelo miraba fútbol todo el tiempo, también a niembro, estudio fútbol.
Ya más grande sufrió el descenso de central y jamás entendió (y se murió pensando que era una broma) que river iba a jugar en segunda división. 
Sus últimos años fueron una mierda, con mi hermano hicimos lo que pudimos. 
Bañar a un viejo, llevarlo al baño, cambiarlo, ir al banco a cobrar su jubilación... La casa se fue cansando de todos nosotros y nuestras impotencia.
La última que murió fue Rosa Benhardt. La mamá de papá. 
De ella también atesoro muchos recuerdos. Era una mujer silenciosa, a la cual nunca vi gritar ni enojarse. Tenía muchas plantas y un jardín que cuidaba diariamente. En el fondo de la casa había grandes tachos de pintura viejos que usaba para juntar el agua de lluvia para luego regar sus plantas. También tenía una alacena donde guardaba enlatados y los frascos gigantes con Pepinos agridulces que ella misma preparaba. En el comedor una mesa redonda y una radio siempre prendida. Podría seguir describiendo cada rincón de su casa, pero no viene al caso.
Voy a los recuerdos puntuales. 
Mi abuela viajaba muy seguido a la casa de lechiguanas a quedarse dias con nosotros, todas las noches nos leía apasionadamente, ponía una silla al borde de la cama y leía y leía aún cuando mi hermano y yo dormíamos ella seguía casi en trance. También cuando era chico y me quedaba en su casa dormía en su cama y podía estar horas haciendo palmadas en mi cola.
Sus pirok, sus riwwel, sus pizzas, sus mangas arremangadas a la hora de cocinar y comer. La ley de un solo vaso de agua para todo el almuerzo, las tardes que fluían en silencio cuando yo era adolescente y me tiraba en el sillon de dos cuerpos a hacer nada mientras ella tejía.
Sus lentes, sus saquitos, sus ruleros, sus diálogos con su hermana en alemán, pausados, discretos, respetuosos. Como una definición de su vida.

lunes, 27 de abril de 2026

Alfonsina. sus preguntas.

Alfonsina tiene los ojos verdes y una mirada curiosa. 
Mis manos con dificultades le ponen su pantalón pijama. 
Ella habla y habla. Nunca parece frenar.
De repente dice:
¿Papá qué va a pasar cuando nos muramos los tres?

Alfonsina tiene 4 años recién cumplidos.