Bariloche era apenas un pueblito y de mucama en hosterías empezó a laburar.
Inviernos con nieve hasta las rodillas, alquilar donde se pudiera, comer bien y mucho como festejo.
Después llegó el San Carlos y ahí grabó su nombre a fuego.
El progreso, el terreno, el auto. Igual, Mirta nunca le alojaba.
45 años de laburo ininterrumpido en el sanatorio.
No había médico que le faltara el respeto a la chilena.
Feminista antes de que existan los pañuelos verdes.
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