jueves, 30 de abril de 2026

gajes del oficio

Tenía un ojo atravesado por una cicatriz y rengueaba un poco al caminar. 
De tarde, a eso de las cuatro, su cuerpo maltrecho y delgado se mezclaba entre madres y padres apresurados buscando a sus hijos en la Dante.
Siempre en pedo, se recostaba sobre el marco de la puerta del negocio y salía murmurado, el no habrá quedado algo?
No sé qué fue pero empecé a reservar siempre un recorte, un pan del día anterior en un rincón para el. 
Un domingo a la mañana al llegar al local tenía la vidriera destrozada. No habían robado nada. Rompieron, meterieron medio cuerpo, no alcanzaron nada y rajaron.
Cosas que pasan pensé. Me extrañe de mi propia calma.
A los días un vecino me manda el video de la cámara de seguridad donde se ve lo que sucede la fatídica noche.
Aparece una figura en medio de la oscuridad de la noche, cuando empieza a caminar hacia el negocio mis piernas se aflojaron y sentí esa tristeza que te deglute. 

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