Siempre lo seguían 3 perros tipo borde colie, en sus hombros una mochila descolorida de donde asomaban tijeras de podar.
No era de los que pasaba a diario a rescatar los culitos de fiambre, su ritmo era incierto.
Una tarde de abril apareció cargado con una bolsa repleta de panes, chicas y facturas viejas, le sume a su botin mortadela y jamón cocido.
Abrió la bolsa del chipa y elegio uno, me acercó la bolsita y me dijo, dale saca que están buenos, no, son tuyos, ya desayune. Dale, agarra uno así me haces sentir vivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario