lunes, 9 de febrero de 2015

Otra vez un sueño.

Un lago enorme. Mis pies cuelgan del muelle pero no alzanzan el agua, aún así lo sé helado. El cielo está completo de nubes que se confunden con los cerros.
Aunque no tengo la certeza me reconozco con cierta tristeza o melancolía. El silencio es abismal.
Rompe el letargo una mano que acaricia mi nuca, continuando en mi pelo. Dejo caer mi cabeza sobre su pierna que está tibia. Reconozco su aroma, su temperatura...
Su mano se entrelaza con la mía por unos segundos, dolor al desprenderse, agonía. Final anunciado, sin palabras se fue.

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