lunes, 3 de octubre de 2011

Rafael. Su infancia permanente.

Rafael hace años que abandonó la niñez. Al menos, eso dice el calendario, pero a juzgar por alguna de sus actitudes la madures es sólo ficticia. Esto se puede determinar por dos puntos fundamentales. Rafael, como los chicos es feliz con muy poco y también con una mínima dosis de maldad se le puede hacer muy mal. Esto le trae complicaciones severas en sus relaciones diarias, ya que sus pares no comprenden bien el sistema de emociones –así lo llama el- que rige su corazón-mente. Entonces ahí está Rafael llorando en un rincón porque se siente ignorado y el sabe que no es motivo para estar a oscuras, hecho un ovillo, desprendiendo lágrimas y mocos, pero le sale, le fluye, le brota. Y también es exagerada esa sonrisa ancha como la 9 de Julio cuando una madrugada las cervezas llegan una detrás de otra, de fondo el río y las risas de sus amigos resonando en la noche vacía.

Rafael se sabe intenso, inestable, exagerado, pero aún así, le divierte subir a ese tobogán, el aire en la cara, la cima, lanzarse, vértigo, ansiedad, arena, suelo, bajón, volver a subir. Sería aburrido de otra forma se dice, sería aburrido de otra forma, se convence, sería aburrido de otra forma, se pregunta.

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