lunes, 25 de julio de 2011

Puntos en común.

La tipa llegó a la habitación número 78 del hotel y golpeó dos veces la puerta. Acomodó su minifalda y su pelo en un movimiento rápido. Todo en su vida era rápido.
Abrió la puerta un hombre delgado con gesto cansado, sus ojos anclaron en sus piernas y ya no pudo levantarlos de ahí.
La habitación era normal, funcional, de fondo sonaba música que ella no conocía pero que asumió como triste y cansina. No eran más de las diez.
El tipo andaba descalzo de un lado a otro, le ofreció un trago y antes de servir dos vasos de whisky se quitó la corbata. Le calculó unos 35 años, casado, quizás un hijo, trabajo estable, vida rutinaria, nada fuera de lo común.
El tipo le alcanzo el vaso con una mano temblorosa y se dejo caer en la cama. Todos se dejaban caer en la cama. Susurro algunas palabras que ella apagó con un movimiento lento de su mano, siempre certero. Quitó de a poco su pantalón y comenzó con su trabajo, tan rutinario como el de él.

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