viernes, 23 de septiembre de 2011

Galeano. Fragmentos.


El Mundo

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos. -El mundo es eso -reveló- Un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

La uva y el vino

Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto: -La uva -le susurró- esta hecha de vino- Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva esta hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos.

Celebración de la voz humana/1

Los indios shuar, los llamaban jíbaros, cortan la cabeza del vencido. La cortan y la reducen, hasta que cabe en un puño, para que el vencido no resucite. Pero el vencido no está del todo vencido hasta que le cierran la boca. Por eso la cosen los labios con una fibra que jamás se pudre.

La función del Arte/2

El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando. El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó: Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien. Y sentenció: Pero rasca donde no pica.

Los Nadies

Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobre, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadie la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. Los nadies: Los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies; los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, re jodidos: Que no son, aunque sean. Que no hablan idiomas, sino dialectos. Que no profesan religiones, sino supersticiones. Que no hacen arte, sino artesanía. Que no practican cultura, sino folklore. Que no son seres humanos, sino recursos humanos. Que no tienen caras, sino brazos. Que no tienen nombre, sino número. Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local. Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Dicen las paredes/2

En Buenos Aires, en el puente de La Boca: Todos prometen, nadie cumple. Vote por nadie. En Caracas, en tiempos de crisis, a la entrada de uno de los barrios más pobres: Bienvenida la clase media. En Bogotá, a la vuelta de la Universidad Nacional: Dios vive. Y debajo, con otra letra: De puro milagro. Y también en Bogotá: Proletarios de todos los países, uníos! Y debajo, con otra letra: (Último aviso.)

La desmemoria/2

El miedo seca la boca, moja las manos y mutila. El miedo de saber nos condena a la ignorancia; el miedo de hacer nos reduce a la impotencia. La dictadura militar, miedo de escuchar, miedo de decir, nos convirtió en sordomudos. Ahora la democracia, que tiene miedo de recordar, nos enferma de amnesia; pero no necesita ser Sigmund Freud para saber que no hay alfombra que pueda ocultar la basura de la memoria.

La Noche/1

"No consigo dormir. Tengo una mujer atravesada entre los párpados. Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta."


Yo, mutilado capilar

Los peluqueros me humillan cobrándome la mitad. Hace veinte años el espejo delató los primeros claros bajo la melena encubridora. Hoy me provoca estremecimiento de horror el luminoso reflejo de mi calva en vidrieras y ventanas y ventanillas. Cada pelo que pierdo, cada uno de los últimos cabellos, es un compañero que cae, y que antes de caer a tenido nombre o por lo menos número. Me consuelo recordando la frase de un amigo piadoso: -Si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza, y no afuera. También me consuelo comprobando que en todos estos años se me ha caído mucho pelo y pero ninguna idea, lo que es una alegría si se compara con tanto arrepentido que anda por ahí. Fragmentos de Las palabras andantes La llegada

El Hijo de Pilar y Daniel Weinberg fue bautizado en la costanera. Y en el bautismo le enseñaron lo sagrado. Recibió una caracola: -Para que aprendas a amar el agua. Abrieron la jaula de un pájaro preso,: -Para que aprendas a amar el aire. Le dieron una flor de malvón: -Para que aprendas a amar la tierra. Y también le dieron una botellita cerrada: -No la abras nunca, nunca. Para que aprendas a amar el misterio.

La memoria

A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en años tardíos. Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va, entrega su obra maestra al artista que se inicia. Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos y los incorpora a su arcilla.

Fundación de la escritura

Cuando Irak aún no era Irak, nacieron allí las primeras palabras escritas. Parecen huellas de pájaros. Manos maestras las dibujaron, con cañitas afiladas, en la arcilla. El fuego, que había cocido la arcilla, las guardó. El fuego, que aniquila y salva, mata y da vida: como los dioses, como nosotros. Gracias al fuego, las tablillas de barro nos siguen contando, ahora, lo que había sido contado hace miles de años en esa tierra entre dos ríos. En nuestro tiempo, George W. Bush, quizá convencido de que la escritura había sido inventada en Texas, lanzó con alegre impunidad una guerra de exterminio contra Irak. Hubo miles y miles de víctimas, y no sólo gente de carne y hueso. También mucha memoria fue asesinada. Numerosas tablillas de barro, historia viva, fueron robadas o destrozadas por los bombardeos. Una de las tablillas decía: Somos polvo y nada. Todo cuanto hacemos no es más que viento. Espejos

Breve Historia de la cerveza

Uno de los proverbios más antiguos, escrito en lengua de los sumerios, exime al trago de toda culpa en caso de accidentes: La cerveza está bien. Lo que está mal es el camino. Y según cuenta el más antiguo de los libros, Enkidu, el amigo del rey Gilgamesh, fue bestia salvaje hasta que descubrió la cerveza y el pan. La cerveza viajó a Egipto desde la tierra que ahora llamamos Irak. Como daba nuevos ojos a la cara, los egipcios creyeron que era un regalo de su dios Osiris. Y como la cerveza de cebada era hermana melliza del pan, la llamaron pan líquido. En los Andes americanos es la ofrenda más antigua: desde siempre la tierra pide que le derramen chorritos de chicha, cerveza de maíz, para alegrar sus días.

Harriet

Ocurre a mediados del siglo diecinueve. Se fuga. Harriet Tubman se lleva de recuerdo las cicatrices en la espalda y una hendidura en el cráneo. Al marido no se lo lleva. Él prefiere seguir siendo esclavo y padre de esclavos:—Estás loca—le dice—Podrás escaparte, pero no podrás contarlo. Ella se escapa, lo cuenta, regresa, se lleva a sus padres, vuelve a regresar y se lleva a sus hermanos. Y hace diecinueve viajes desde las plantaciones del sur hasta las tierras del norte, y atravesando la noche, de noche en noche, libera a más de trescientos negros. Ninguno de sus fugitivos ha sido capturado. Dicen que Harriet resuelve con un tiro los agotamientos y los arrepentimientos que ocurren a medio camino. Y dicen que ella dice: A mí no se me pierde ningún pasajero Es la cabeza más cara de su tiempo. Cuarenta mil dólares fuertes se ofrecen en recompensa. Nadie los cobra. Sus disfraces de teatro la hacen irreconocible y ningún cazador puede competir con su maestría en el arte de despistar pistas y de inventar caminos.

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