miércoles, 20 de abril de 2011

Camino al laburo.

Camino por calle Buenos Aires
acarreando estos huesos enfermos,
a tres cuadras, el Paraná.
Mañana de octubre,
la primavera sólo llegó en el calendario,
el frío es intenso.
Cada tanto, llovizna.

Minutos atrás bebíamos unas Bud
y escuchabamos piano bar de Garcia,
dentro del auto, atrincherados, congelados.
Ahora pago el precio "de la última y vamos".
Pienso que pensaran en el laburo
cuando me vean llegar con esta pinta de forajido,
de soldado fugado de la guerra.

La llovizna se hace lluvia,
apuro el paso todo lo que el tobillo izquierdo
me permite,
el río cada vez más cerca,
los espinillos cada día más florecidos.
Parece feriado!, sé que alguien lo preguntó,
pero, ¿Dónde va la gente cuándo llueve?

Recorro este camino todos los días,
sin embargo no me acostumbro,
siempre hay algo novedoso,
algo que detiene mi marcha
y me deja ahi, tieso, observando.
Ahora miro como en la ciudad vecina
circulan vehículos a gran velocidad,
un camión amarillo, dos o tres autos,
un Fluviales, creo.

Me gusta el río y sus estados de ánimos,
más estables que los míos, más definidos.
Tiempo atrás quedaba perplejo con la creciente,
Cuánta agua más cabrá ahí,
me preguntaba cada mañana.
Sólo se veían las copas de los árboles,
te juro
que era tan triste.

Voy a entrar.
Voy a entrar y dibujar mi mejor cara,
igual, ellos siempre lo notan, pero se callan.
Quizás por lastima, miedo o ambas.
Publicar un comentario