jueves, 21 de abril de 2011

Impasse de paz.

La habitación se reduce,
las paredes que años atrás
pintaste de celeste me cercan.
Deseo ser parte del colchón,
atravesarlo, hundirme.
El reloj que no veo pero oigo
-obediente, sereno, perfecto-
marca las dos y siete
-aproximadamente-
tic, tac, tic, tac, tic, tac,
el sonido cada más fuerte
o tal vez más cerca de mis oídos,
¿Cómo saberlo?
También cada vez más cerca
ladra un perro,
que por los breves intervalos
entre ladrido y ladrido
es el de Julián.
El colchón no me absorbe,
la violencia en stand by,
conducime a un sueño sin sobresaltos,
dame un beso de madre.
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