miércoles, 9 de marzo de 2011

El día que lo interné a mi hermano.

Tarde noche. Fútbol barrial. 5 vs 5. Se juega en la escuela del barrio, hay que trepar el portón para entrar, hay que delinquir para patear una pelota. Se ve poco ya. Partido peleado, pelota dividida, gira solita a la altura del pecho (mido 1,67cm), decido ir a pararla con el muslo, llega la embestida de mi hermano que va a buscarla con la cabeza, el ataca, yo defiendo. Uno llega tarde (claramente el, aparte no podes buscar una bocha AHI con la cabeza, papá) y se da, choque rodilla y cabeza. La pelota rebota cansada, queda olvidada. Yo levanto los dos brazos, voy bien. Mi hermano en el piso, acurrucado, no se mueve. ¡Levantate puto, jugá!, una vez, dos veces, se lo digo. Me sacan, me calman, me abrazan, veo que unas remeras se agitan alrededor de esa masa inmóvil que es mi hermano, me voy, trepo el portón y me voy. Camino para casa, una cuadra voy y vuelvo, no se por qué me fui, menos por que vuelvo, pero vuelvo, trepo el portón, lo traen a cuestas, no reacciona, hay que cruzarlo, el portón tiene 2,50 mínimo, uno de un lado, otro del otro, uno arriba del portón, se pone en marcha el operativo, se lo cruza, como un bebe se lo cruza. Más tarde reacciona, más tarde está en una clínica y yo al lado leo la rolling stone. Discutimos la jugada, ahí, mientras un enfermero lo revisa, aún hoy, mientras nos peleamos por la última milanesa no nos ponemos de acuerdo, para mi, que el que va mal es el, no podes ir con la cabeza ahí!.
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