martes, 15 de marzo de 2011

La tarde y yo.


En mi habitación hay una ventana demasiado grande que da a la calle. No me gusta. Ruidos, amigos que se trepan y golpean, piedras, claridad. Sí, todo en cantidad. No me gusta, reafirmo concepto. También hay una que desde chiquito aprendí a llamar "ventiluz". Siempre me cayó graciosa la palabra -ventiluz-. Agarro la palabra y la desarmo. La v para acá, la t para allá. Ventilación, luminosidad, aire, claridad y así sigo unos minutos más anotando palabras en el cuaderno. Anoto porro y la tacho. La vuelvo a escribir. Miro mi mano dibujuando la P. En la escuela, grado a grado siempre alguien me decía que raro agarras el lápiz. ¿Por qué raro?. Eh, no sé respondían, es raro, afirmaban. Ahora miro la birome en mi mano, que se yo, pasaron como 15 años, un enigma más sin resolver. Igual es una boludez, me auto consuelo. Busco la caja de fósforos que no aparece por ningún lado, a veces esto es Hiroshima después de la bomba. Abro el ventiluz y el viento me choca los ojos. Llueve tenue, llueve con histeria. Seguro que el día que nací llovía, o el día que me engendraron o el día que me muera. Ojo, está lloviendo y ya nacer no puedo... Te estás persiguiendo, boludo, te estás persiguiendo.
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